Nací como little Kim en Seúl, entre kimchi y una educación coreana de la dura — esa que te enseña a esforzarte y a no rendirte nunca.
Tenía 10 años cuando crucé medio mundo y llegué a Chile. Fue increíble… y durísimo. En el colegio americano me tocaba hacer malabares con el español y el inglés al mismo tiempo, sin red. Aprender a pertenecer fue mi primera gran lección — y nadie me dio un mapa.
Pero Chile me adoptó. Me enamoré de los asados, las empanadas y los zapateos de norte a sur. Sin darme cuenta, me convertí en las dos cosas a la vez: coreano y latino.
Una conexión para el mundo. Un puente con piernas.
Después me fui a estudiar a Michigan y me hice economista. Pero si miro hacia atrás, toda mi vida hice lo mismo: enseñar y ayudar. Mi mamá fue profesora universitaria, y de ella heredé la fascinación por aprender. Estudiar no es mi obligación; es mi pasión.
De ahí nació Academia Seúl. Quiero compartir lo que amo —el idioma, la cultura, la música, el K-pop, la comida— con quienes lo aman desde lejos, igual que yo amé a Chile desde el primer asado.
Y en el camino descubrí algo que me dolió: casi todo el material para aprender coreano está hecho para nativos, o en inglés. No existe contenido —ni un libro de verdad— pensado para hispanohablantes. Seré su profesor Kim, y un buen chingu. Por eso voy a escribirlo junto al gran equipo de profesores que he formado y que pronto van a conocer. Para ustedes.
Gracias por estar aquí, justo al inicio de este viaje. Este puente lo cruzamos juntos.
화이팅, chingu 🇰🇷
— Jay (김재희)

